En la anterior entrada os hablamos de la ciudad de Burgos y adelantábamos
que en el siguiente post os enseñaríamos algunos pueblos cercanos a ésta, situados en la Comarca de Bureba… pues
bien aquí está.
Gracias a un estupendo regalo pudimos hospedarnos en Pino de
Bureba, en un acogedor hotel rural, este pueblo es muy pequeño, con apenas 20
casas, y dudamos de la existencia de muchos más habitantes en él que esos 20
vecinos que habitan en ellas, sin duda un lugar dónde poder perderse
adentrándose en lo más profundo de la naturaleza. El mismo pueblo cuenta con
apenas un bar y un par de casas rurales, eso sí la gente que habita en el es
todo un encanto y en el minuto uno de nuestra estancia nos acogieron con toda
la amabilidad del mundo. Nos sentimos como en nuestra propia casa.
Una vez recorrimos el “pueblecito” “aldea” o como quiera llamarse,
en apenas 20 minutos ya habíamos recorrido el pueblo de norte a sur y de este a
oeste, decidimos visitar algunos de los lugares de los alrededores, Frías; Oña
y Poza de la Sal.
Empezaremos hablando de Oña, en el que lo más destacado es el Monasterio
de San Salvador, fundado en el año 1011 por el conde de Castilla Sancho García, tras ascender la
escalinata que da acceso a la Iglesia, nos saludan las estatuas sepulcrales del
siglo XV, erigidas en recuerdo de algunos de los personajes que descansaron en
el atrio de la Iglesia, completa el conjunto monumental la fachada renacentista barroca del Monasterio adornada con las estatuas
de Condes y Reyes fundadores.
Oña, fue una ubicación
importantísima durante la Edad Media, durante la
formación de Castilla, que ha quedado
reflejado en su amplio conjunto monumental que podréis disfrutar paseando
tranquilamente por las plazas anexas al Monasterio. Sin lugar a dudas, una localidad digna de visitar para pasar una
agradable tarde.
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El siguiente pueblo que visitamos fue Poza de la Sal, pueblo
donde nació el conocido naturista Félix Rodríguez de la Fuente.
Nosotros pudimos disfrutar de él durante la tarde, y desde luego
fue todo un acierto ya que pudimos embelesarnos con sus calles a la luz del
sol al atardecer. Como monumento a destacar sin duda, su Castillo, en el que puedes entrar
de forma gratuita, tiene unas vistas espectaculares de la zona y os
recomendamos que os llevéis calzado cómodo, puesto que tiene una subida un poco
compleja, la escalera de acceso es algo irregular pero tiene una cuerda para ayudarse, eso sí, cualquier persona (medianamente ágil) puede
subir.
La iglesia del pueblo es muy bonita y si tenéis la suerte de
encontrarla abierta no dudéis en pasar porque os sorprenderá (gracias al
custodio de ésta pudimos entrar, estaba a punto de cerrarla cuando nos
dirigimos a ella y muy amablemente accedió a enseñárnosla), es todo un deleite.
En el pueblo os podréis encontrar unas salinas de la época de la
conquista romana. Si paseáis por las bonitas calles del pueblo os encontraréis con
que el casco antiguo de la villa de Poza de la
Sal está rodeado por la muralla medieval que se conserva en su mayor parte. Al
mismo se accede por tres puertas la del Conjugadero, la del
Ayuntamiento y la de las Eras. La trama
urbana conserva la distribución y características de medievales con calles
estrechas y empinadas flanqueadas por casas de piedra blasonadas y otras de
entramado de madera, cabe destacar que el casco urbano de Poza de la Sal fue
declarado Conjunto Histórico-Artístico el 12 de noviembre de 1982.
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Por último os hablaremos de Frías, un precioso pueblo medieval,
probablemente uno de los pueblos más bonitos de la provincia de Burgos. De
camino de Oña a Frías, más concretamente en Tobera nos llevamos una agradable
sorpresa, nos encontramos un bello paraje, en el que se encuentra la ermita de
Santa María de la Hoz, el Santuario del Cristo de los Remedios y un puente
medieval lugares recónditos de nuestro
país en los que uno debe pararse prácticamente por obligación, vírgenes por
naturaleza dónde el turista puede convivir con la naturaleza, la cultura y la
historia al 100% (hay una explanada pequeña para poder dejar el coche, mucha
gente deja éste en el arcén si no hay sitio en esa explanada, eso sí, ¡¡mucha
precaución!!). Merece la pena pararse y hacer una pequeña ruta que hay desde el
puente a un pequeño mirador, es muy probable que incluso os encontréis alguna
cabra por el lugar, el paisaje sencillamente es espectacular. Cuando os vayáis
acercando a Frías observaréis que desde lejos el pueblo tiene un encanto
especial, os adentra al medievo casi en el mismo instante en el que lo divisas
a lo lejos. Hay parking gratuito en el pueblo
para que los visitantes dejen sus coches, os recomendamos que una vez hayáis
dejado el coche os perdáis por sus maravillosas calles.
No podéis dejar de visitar el Castillo
de los Duques de Frías, es uno de los castillos
roqueros más espectaculares de Castilla, corona el cerro de la Muela logrando
una posición estratégica privilegiada sobre el valle y el paso del Ebro. Se
accede a su interior por medio de un puente (en origen levadizo) sobre un foso
excavado en la roca y una antepuerta que da acceso a la puerta principal.
En torno al amplio patio de armas
quedan restos de sus antiguas dependencias como graneros, bodegas o estancias
de servicios.
Desde la parte superior de la torre
del homenaje y desde los tres ventanales de sus muros, rematados por capiteles
románicos, la vista de la ciudad es excelente.
Se puede visitar, en este caso no es gratuita la entrada pero os
aseguro que merece mucho la pena entrar a él.
La iglesia de San Vicente, es otro monumento que no os
debéis perder, de su primitiva construcción
románica sólo quedan algunos restos, ya que tras la caída de su torre en 1904 se levantó una nueva. Se encuentra en una gran explanada donde hay un pequeño merendero
con mesas y bancos, para poder hacer un alto y fotografiaros al lado de las antiguas
murallas.
Frías tiene casas colgadas, SÍ, habéis leído bien, y No, no
son tan espectaculares como las de Cuenca, pero “haberlas, haylas...”, las casas, de planta baja y dos o tres alturas, se
apoyan unas en otras conformando las diferentes calles a dos alturas. En
algunos casos cuelgan desde la roca, hechas a base de toba y madera, han
aprovechado el reducido espacio de tal manera que están construidas en los
mismos extremos de la roca, pareciendo que forman parte del precipicio.
El puente medieval de Frías,
de 143 metros de longitud y 9 arcos, es de origen románico, se encuentra a las afueras del
pueblo, sobre el río Ebro, y podéis ir andando o en coche. Su conservación es
excelente.
Como todo pueblo que vive del turismo, comentar que si decidís
almorzar en él, los menús son algo elevados y no de gran calidad, nosotros
resolvimos entrar en una taberna antiquísima y deleitarnos con raciones típicas
de la localidad, sin duda todo un acierto.
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Una vez se hizo de noche, decidimos volver a nuestro hotel
rural a descansar a la luz de las velas, perdiéndonos en la inmensidad de la
naturaleza.
Sin duda un plan 10 para pasar un buen fin de semana.
¡Hasta pronto!
Valoración de los pueblos: 6,5

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