La siguiente entrada es un rincón muy particular y desconocido para muchos, siendo uno de los paraísos que se encuentran en España, las Islas Cíes, un pequeño archipiélago muy cercano a Vigo, unos 14 km. La Isla de los dioses, tal y como la denominaban los romanos, es un lugar idílico, donde poder disfrutar de la naturaleza y del mar, con aguas cristalinas de un color turquesa intenso, playas de arena blanca y fina. Un lago cuya superficie transparente deja entrever la gran variedad de peces que lo habitan. Además de ser un escenario de ensueño, el archipiélago también posee un gran valor ecológico. El paisaje forma parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, un parque que en su interior alberga numerosas especies de animales y plantas únicas.
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Para llegar hasta aquí solo hay una manera posible, en barco. Este archipiélago está formado por 3 islas. Si vais en barco particular podréis ir a cualquiera de las 3, pero si vais en ferri solo conseguiréis ir a 2 de ellas que están unidas artificialmente por la playa de Rodas, The Guardian eligió ésta como la mejor del mundo en un artículo.
Y os preguntareis ¿pero que se puede ver allí?, pues allí solo, que no es poco, se puede disfrutar de las maravillosas vistas, de la fauna, la flora del lugar, de las playas y de la tranquilidad. Lo primero que hicimos allí fue disfrutar del atardecer mirando como se escondía el sol por el horizonte, con el mar a tus pies y todo el tiempo del mundo para uno mismo, sin más.
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Para situaros, hay ferris que salen de varios puntos hasta las Cíes, como por ejemplo Vigo, Baiona... Si solo queréis pasar el día hay trayectos ida y vuelta, tan solo tendréis que estar atentos a los horarios. Pero si vuestra intención es poder disfrutar de más días, podréis alojaros en el único camping que se encuentra allí, como recomendación intentad colocar vuestra tienda con vistas al mar, un verdadero placer levantarse cada mañana y ver esa maravilla de la naturaleza… también hay pequeñas tiendas que pueden alquilarse. Hay 3 bares donde poder comer o tomar algo y un “minisupermercado” (tened en cuenta que no se aceptan tarjetas de crédito, nosotros no caímos en eso y nos vimos algo apurados los últimos días de nuestra estancia en las Islas). Para utilizar sus instalaciones se debe reservar a través del sitio web o poniéndose en contacto con la oficina del parque el día de la visita. Cuando compras el billete del ferry se debe presentar la tarjeta para los campistas, ya que sin ella no se puede comprar un billete de solo ida.
Lo primero que uno ve cuando se aproxima a las Cíes es la impresionante playa de Rodas que conecta la isla de Monteagudo con la del Faro, no es la única playa de la parte oriental del archipiélago: encontrarás, entre otras, la de Figueiras, frecuentada por nudistas, y la de Nosa Señora. Se pueden hacer infinidad de cosas en las islas, aparte de que la playa, con su agua tremendamente fría, uno puede deleitarse haciendo senderismo, una excelente alternativa para descubrir la belleza de las Cíes. Hay cuatro senderos señalizados que te permitirán descubrir los bosques, el Lago de los Niños, los observatorios ornitológicos, un pueblo prerromano y unas magníficas vistas de los acantilados y sus faros. Visita el Centro de Interpretación ubicado en las ruinas del antiguo monasterio de San Estevo, donde te proporcionarán información sobre las diferentes rutas que podréis realizar, os aconsejamos que las hagáis porque las vistas que tendréis son imborrables, son rutas sencillas que cualquier persona puede hacer, nosotros hicimos las 4 y sin duda alguna no os arrepentiréis, además de hacer deporte disfrutareis de los increíbles parajes del lugar.
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En las Islas Cíes se encuentra una de las reservas más importantes de gaviota patimarela de Europa, la más nutrida de España de Cormorán Moñudo, las parejas pioneras de gaviota sombría y los últimos especímenes de arao común, de ahí la declaración como Parque Nacional a las islas. Existen dos casetas de observación, desde las cuales poder contemplarlas, aunque no os será nada difícil verlas merodear por todas partes, son las reinas del lugar. Nada más desembarcar veréis que se encuentran afincadas en las hermosas playas, como si se tratase de su propia casa. En todas las rutas de senderismo que hicimos nos acompañaron, eso si, advertiros de que no podéis darlas de comer!!!! acaban atacando a la gente y robando vuestras pertenencias si no tenéis cuidado... sobre todo en la playa, más de una vez vimos como algún incauto dejaba relajadamente sus cosas mientras se daba un placentero bañito y tenían que salir corriendo porque alguna gaviota se apropiaba de ellas, ¡¡mucho ojo!! a nosotros intentaron atacarnos en lo alto de un acantilado porque no sé nos ocurrió otra idea que abrir una bolsa de patatas (¡¡¡imaginaros la escena!!!) rodeados por varias gaviotas intentando pillar algo como botín, todo acabó en una peculiar anécdota junto a otra pareja a la que le pasó lo mismo, jejeje.
También podréis practicar otros deportes como kayak o snorkel (nosotros aprovechamos los pocos días que estuvimos e hicimos de todo, al final no paramos prácticamente nada y descansamos en la playa pocas horas, incluso una mañana hicimos nudismo, pero eso que quede entre nosotros).
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Con respecto al Kayak, si no tenéis experiencia alguna en este tipo de embarcaciones o parecidas os recomendamos que no lo hagáis puesto que puede que no lleguéis a disfrutar de la experiencia, yo por ejemplo me fui con mal sabor de boca, ya habíamos hecho piragüismo por el río Ebro en nuestro viaje de fin de curso del bachiller (hace como mil años atrás…) y nos gustó mucho, así que nos animamos a hacer kayak, la dificultad de éste es que al ser a mar abierto las corrientes y el propio mar dificultan mucho la navegación, pero bueno más o menos os podréis defender. Los problemas con los que me encontré fueron varios, primero que los pedales para regular el asiento estaban atascados con la arena y tardaron muchísimo en regularlos, no tuvimos mucho tiempo para aprender a salir del kayak en caso de necesitarlo (vas enganchado al kayak con una lona), ya que debes tener una técnica específica para poder “huir” si uno se da la vuelta en éste (yo me quedé boca abajo 2 veces...), y el mayor problema fue que no comprobaron que los compartimentos estuvieran perfectamente cerrados por lo que entró agua en el de atrás y la navegación se me hizo imposible, nada más salir al mar volqué… me costaba girar, tenía que hacer esfuerzos enormes para intentar navegar, y cuando creí que ya lo manejaba (creí, porque iba en línea recta,) y en el momento que nos metimos más en el mar y tuve que bordear un cabo que era la zona de más corriente volví a volcar….tuvieron que venir en mi búsqueda las profesoras y una lancha de rescate a ayudarme a volver a montar y vaciar como pudimos el agua, como vieron que mi kayak no lo dominaba porque daba la sensación de que me volvería a volcar tuvieron que remolcarme hasta la playa de Figueiras (esta parte le hace mucha gracia a Ana, con todos los nudistas asombrados al vernos llegar con tanto bombo y platillo a nuestro alrededor), yo con la pierna completamente dormida no podía ni ponerme en pie cuando llegue a la playa y para sacar el kayak del agua imposible ni entre 3 personas (como es posible si es de plástico y apenas pesa??), abrimos los compartimentos que tienen y cual fue nuestra sorpresa estaban completamente inundados, como os comenté antes, se acabó mi viaje para mí.... este deporte me dejó con muy mal sabor de boca, en ningún momento pude disfrutar de este, no entiendo como no comprobaron que no tuviera todo en orden, todo bien cerrado para que no se metiera agua dentro, porque si os pasa esto la navegación es imposible… por otro lado, está la experiencia de Ana que disfrutó como una enana, pudo bordear la mitad de la isla y se manejaba bastante bien, giraba, iba y venía sin ninguna dificultad, etc. a pesar de la preocupación de verme caer una y otra vez al agua y ver lo mal que lo pasé, como experiencia es una pasada (al menos eso es lo que dice).
Para compensar esa tarde otro día disfrutamos haciendo snorkel con un grupo y un profesor de buceo, pudiendo recompensarme con creces la mala experiencia anterior.. No debéis iros de allí sin hacer snorkel, os va a encantar!!. Tras enfundaros en un traje de neopreno y daros unas ligeras indicaciones para que todo salga tal y como debe, os dirigiréis hacia una de las zonas más bonitas y recónditas de las islas, dura alrededor de 3 horas, deleitándoos de principio a fin, es más, seguramente os haréis los remolones a la vuelta para poder seguir disfrutando de la fauna marina, una verdadera joya escondida, bajo esas aguas cristalinas.
Aquí el percance lo tuvo Ana al romperse la goma de las gafas de buceo, el guía y profesor de buceo, un tío súper previsor tenía varias y se la cambió en un abrir y cerrar de ojos para que pudiese seguir disfrutando de la experiencia. Eso sí, al cabo de un rato, se dio cuenta de que había tocado una anémona y al ir a colocarse el tubo de respiración se tocó la boca, los labios se le hincharon de tal modo que parecía Yola Berrocal, estuvo así dos días enteros.
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La evolución de Ana en las islas era peculiar y graciosa ella repipi la que más y princesita de ciudad, la primera vez que hacia camping libre (para mí también fue la primera vez pero no tuve transformación) poco a poco iba demacrándose más y más como una “pordioserilla”.
Otra anécdota más fue que una tarde apareció de la nada una intensísima niebla que se instaló en toda la isla, solo duró un par de horas, pasamos de un día veraniego total a estar en una peli de terror, pero incluso con esa niebla se disfrutaba de todo de forma especial.
Pasamos 4 maravillosos días en un “paraíso terrenal” que empezamos a disfrutar desde que embarcamos, la ida en el barco la pasamos arriba disfrutando del paseo y en plan corrupción en Miami atrás de el barco dándonos el viento en la cara, hasta que volvimos a pisar las tierras viguesas. Como última anécdota de este espectacular viaje deciros que yo dejé el coche en un parking cercano al puerto y cuando fui a cogerlo ¡¡¡no tenia batería!!! ¡¡¡Menudo disgusto!!! menos mal que en el parking tenían unas pinzas y tanto el vigilante como la chica de la taquilla nos ayudaron a arrancar el coche pudiendo reanudar nuestra vuelta a casa.
Sin lugar a dudas un viaje que tarde o temprano volveremos a repetir, quién sabe si más temprano que tarde.
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Valoración de las islas: 8,75

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